Ni fue tan mala como la pintarán algunos, ni fue tan buena como deseaban otros. Decepcionante. Demasiadas expectativas creadas como para salir contento. Esta ganadería pervive en el romanticismo del aficionado, pero es arrinconada por el sector taurino. Ese es su sino. La de hoy, ni le da ni le quita. Seguirá donde estaba, que por cierto, es donde parece querer estar su ganadero. Ahí se encuentra como pez en el agua. La vida sigue igual. Desigual toda ella, pero con plaza. Colorida y seria, pero incompleta. Solo se lidiaron cinco. Otros tres fueron rechazados por falta de trapío.
Hoy, mientras iba hacia la plaza de toros, caminaba escéptico sobre lo que nos depararía la tarde de los veraguas, pero con ese gusanillo que me rondaba por dentro, -¿y si embiste?-. Cansado físicamente y melancólico de que la Feria languideciera para mí. Mi última tarde. Este año me quedo con ganas de más toros. De esta Feria mía no me sobra ni un festejo, lo digo por aquellos que ya están pensando en fulminarse un trozo del ciclo. Que lo hagan en su pueblo pero que a nosotros nos dejen en paz.
Acudía a la plaza con la idea preconcebida de que la corrida iba a pecar de falta de fuerza e iba a empujar en el caballo. Un prejuicio como cualquier otro. Ni una cosa, ni la otra. Ninguno, salvo sexto, flaqueó. Toda la corrida pasó de puntillas por el jaco.
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| FOTO: Nayade Moncín (burladero.com) |
Un pedazo de toro el primero. Sin asustar por delante pero para dar terror con los kilos que iban detrás. Con la pega de un pitón astillado de salida. Comienzo de tanteo. El toro solventa su aparente falta de fuerzas del comienzo pero no regala una embestida clara. Robleño está clarividente, técnico y valeroso. Muy lidiador. Sacó todo el agua que tenia el pozo. Lástima el primer pinchazo. Honradez y disposición hecha torero. Bien Fernando.
Más armónico el segundo. Jabonero tambien. Con casi seis años. Dos puyazos al relance. Cobra en el primero. Un tercer puyazo de lejos. El toro responde arrancandose pero no se entrega debajo el peto. Sale huidizo. Un molesto saltito afea cualquier tipo de lucimiento con la muleta. Desde el principio enseñó el defecto. Alberto decide, con buen criterio, torearle por los pies y matarlo. Con la espada dentro le da para desarmar al matador y a uno de sus subalternos. Alberto Aguilar pasó las de Caín. El toro no descubre. Al revés. Se sitúa altanero y desafiante. Un toro a la antigua. Este tipo de toros gustan de vez en cuando, habitualmente seria insoportable. En todo momento mantuvo la sensación de riesgo en el ruedo. Murió en los medios. De fiero y arisco, no de bravo.
El tercero sale como un tren. Tres vueltas al redondel galopando. Negro. Serio. De testuz prominente y rizada. Roberto Bermejo, hombre solvente, pasó sus problemas para lidiar el toro, un listillo, en el segundo tercio. Siempre atento a lo que ocurría en el ruedo.
Al quedarse solo, el toro pierde toda la viveza que tuvo anteriormente. Soso. Carlos Gallego no pone nada de su parte para remontar la sosería del prietodelacal, al revés, trasmite inseguridad y falta de ideas. Con la espada, recto y decidido. Casi se va a los medios, por su cuenta y riesgo, a recoger unas tímidas palmas de la parroquia. Una cosa es que sea paisano y otra q tenga bula absoluta.
Negro, listón y facado el cuarto. De Alcurrucén. El mejor de la tarde. Caballo al suelo y desconcierto total en la arena. Entre el desbarajuste general, cinco puyazos entre pecho y culata para el toro. A pesar del castigo en varas, el toro sigue mando en plaza. Robleño decide doblarse con él de comienzo. Duro de patas. El toro no regala las embestidas, las da prestadas, pero antes mira a la cara del torero a ver si es honrado y capaz. Toro para toreros machos. Para cruzarte al pitón contrario y tragar lo que no está en los escritos para ligar los pases. El deposito de valor de Fernando, y a veces su defectuosa colocación, provocan la intermitencia. Se que es pedir mucho. Pinchazo y estoconazo que hace caer al toro sin puntilla. Robleño pasó con notable el embite. Mereció dar la vuelta que las protestas le negaron.
Ensillado y largo el quinto. Feo. Destartalado. Tres puyazos, el último para llenar una garrafa con sangre. Brindis de final de temporada a la cuadrilla. El toro no tiene un pase por el derecho. Por el izquierdo no mejora. Muy valiente. Meritorio el trasteo. Pericia y decisión en una buena estocada. Rodado el toro.
Castaño el de la jota. Precioso el saludo de Carlos. Templado y sabroso. Dos verónicas y la media, para el recuerdo. En el nuestro, y sobretodo en el suyo. Brindis al Soro. El de más clase del encierro. Falto de fuerzas y renqueante, pero de buena calidad. Faltó mando y poder. Ligarlos. Ponerse a torear. Faltó casi todo. Una oportunidad que se esfuma y que ya nunca volverá.
Mañana no podré acudir a la corrida de Cuadri. Pero intentaremos poner alguna crónica para rematar la Feria.