Hoy parece ser que toca analizar cómo se "vende" la propia Fiesta de los toros en los medios de comunicación. Me apetece. No está mal hablar de estos temas de vez en cuando y dejar a un lado nuestros debates filosóficos-taurinos de aficionados enfermizos.
Uno de los grandes "debes" de la Fiesta es su nula difusión a la sociedad. El mundo del toro vive aislado de los focos si no es por el interés particular o personal. Son contadas las ocasiones en que los toreros abren la puerta de su intimidad, de cómo es su día a día. En el campo, en la furgoneta, en el hotel, en la capilla de la plaza de toros... tantos sitios con encanto por enseñar y nos empeñamos en no practicar un poco de exhibicionismo cual nudista en la playa. Tanto celo de su intimidad revierte en un desconocimiento por parte de la ciudadanía, y en muchas ocasiones, esto se convierte en recelo per se.
Falta mucho recorrido por caminar o mucho camino por recorrer, como prefieran, pero se van dando pasitos en este aspecto. Quería compartir con ustedes, para el que no lo viera, un pasito ejemplificante de los que debería darse con más asiduidad. Un ejemplo de lo que se debería hacer.
La gente no va a ir a la plaza por arte de birlibirloque, es necesario vender nuestras virtudes para captar a los neófitos o reticentes.
El pasado Domingo, a horas intempestivas para los que madrugamos, programaron un magnífico reportaje donde Javier Sardá acompañaba a El Juli durante su temporada americana. Independiente de los gustos particulares de cada uno sobre este torero, creo que el torero madrileño acierta plenamente al permitir tener a Sardá como su sombra para que narre y describa algunas de las partes y lugares que no por escondidos, dejan de ser más atrayentes e interesantes para el que los desconoce. Normalizar lo secreto. Humanizar lo divino. El reportaje exhibe una Fiesta natural, sin edulcorantes. Con sus sombras, pero sobretodo con sus luces. Engancha.
Enlazo el video del programa. Merece la pena dedicar una horita a verlo.
FOTO: vertele.com