FIESTA TAURINA
de Jose María Criado Lesmes
El coso parece un templo,
y en singular comunión
el toro con el torero
unen bravura y valor.
El sol de la tarde riela
sobre los trajes de luces;
y ordenados en hilera
el paseíllo discurre.
Al sonido del clarín
mientras la afición le aclama,
de hinojos frente al toril
le da una larga cambiada
desplegando su capote,
que como un gran abanico
pinta el aire de colores.
Y sale disperso el zaíno
porque rehúye la lucha,
y es brega de subalternos
contribuir con su ayuda
a colocarle en su puesto.
Conseguida su atención,
el bravo junto al artista
van esculpiendo los dos,
estatuas que cobran vida.
Salen los varilargueros
a la grupa de sus jacos,
pica limpia les deseo
sin barrenar al astado.
Otro tercio; el de rehiletes,
unos son rojos y gualdas
los otros blancos y verdes;
ellos vestidos de plata,
corren, saltan, serpentean
y le hacen un quiebro al bruno,
este furioso se queja
por el encuentro que tuvo;
que su morrillo adornaron
con afilados arpones,
y con su sangre han regado
las artificiales flores.
Llegó el momento soñado
para el que busca la gloria,
y él solo frente al morlaco
con la muleta se adorna.
Un ritual de valentía
que es mezcla de embrujo y arte,
en el que se desafía
a la muerte en cada lance.
Yergue su faz, se descara,
y con gritos le provoca,
tiene seca la garganta
y alta la testosterona.
El toro humilla su testa,
y aun derramando su vida,
al engaño con fiereza
dirige su anatomía,
y con sus armas mortales,
pasa rozando las ingles
del rival en cada pase.
El peligro se trasmite;
se hace un silencio patente
ante la suerte suprema,
y la tensión se mantiene
con la mirada en la arena;
ya que para ejecutarla
se ha de pasar un fielato
y en él se encuentra la parca.
Es un trance descarnado
de particular de belleza,
en el que unen sus destinos
los dos y de ¡tal manera!,
que entran en juego los filos
de las astas y el estoque
en un igualado duelo,
y frente a frente se ponen
la fiera con el torero.
Siempre y sin ningún complejo
simpaticé con la fiesta,
porque a nadie le consiento
que me imponga las ideas
JOSE MARIA CRIADO LESMES